Caligrafía taquigráfica: el arte de escribir signos que respiran

Caligrafía taquigráfica: el arte de escribir signos que respiran

 

Por Martín Córdoba

 

La taquigrafía ha sido históricamente considerada una técnica al servicio de la velocidad, la síntesis y la precisión. Durante años, la he practicado como taquígrafo parlamentario y de oratoria sagrada, la he utilizado en certámenes de velocidad taquigráfica, la he enseñado a nuevas generaciones de estudiantes y la he valorado como una herramienta indispensable para el registro fiel de la palabra hablada. Sin embargo, con el tiempo descubrí que los signos taquigráficos, lejos de ser simples trazos funcionales, poseen una fuerza estética propia: una belleza silenciosa que se manifiesta cuando se los observa con otros ojos, los de quien contempla; no los de quien corre.

Así nació, casi como una intuición artística, la caligrafía taquigráfica. No como una negación de la función original del sistema, sino como una ampliación de su sentido. Esta práctica consiste en la elaboración artesanal de signos taquigráficos con fines visuales y expresivos, no de rapidez ni utilitarios. Es un modo de escribir en el que cada trazo busca armonía, claridad y ritmo, como si cada círculo, elipse, rasgo curvo o recto respirara por sí mismo, ajeno al apuro del dictado.

¿Qué es la caligrafía taquigráfica?

La caligrafía taquigráfica es una forma de escritura estética basada en los signos del Sistema Pitman, aunque su espíritu bien podría extenderse a otros sistemasSu propósito no es la velocidad ni la transcripción funcional, sino la expresión visual y armónica de los trazos. Es taquigrafía sin apuro: una práctica que rehúye el vértigo del dictado para abrazar el ritmo pausado de la contemplación.

En esta modalidad, los signos son ejecutados cuidadosamente, con técnicas de caligrafía tradicional, buscando equilibrio, claridad, dinamismo gráfico y belleza formal. Cada rasgo recto o curvo, cada espacio entre signos, ha sido pensado no como medio para otro fin, sino como fin en sí mismo, digno de ser observado y valorado por su forma.

Se trata de una disciplina que transforma el apunte veloz en gesto artístico. En la caligrafía taquigráfica, los signos no son solamente portadores de contenido: son también imagen, gesto y composición. Esta escritura puede ser admirada por quien conoce la taquigrafía, pero también por quien simplemente se deja conmover con la danza de los trazos.

El origen: láminas nacidas del trazo lento

En 2005, ya había escrito caligráficamente los gramálogos del Manual de gramálogos parlamentarios. Y fue en 2010 cuando decidí llevar adelante un pequeño experimento personal: tomar algunos textos que resonaban profundamente en mí canciones, poesías, fragmentos espirituales y jurídicos y representarlos en Taquigrafía Pitman, método de Academias Pitman de Argentina (Taquigrafía Pitman Comercial y Parlamentaria). Lo hice sin la urgencia de la transcripción ni el vértigo del dictado, sino con pausa, con intención estética, con el pulso sereno de quien quiere dibujar más que registrar.

Así surgieron las primeras láminas de caligrafía taquigráfica: 23 piezas escritas a mano, de manera artesanal, con técnicas de caligrafía tradicional que aprendí entre 1994 y 1995 en el Curso de Caligrafía de Academias Pitman de Tucumán, Argentina, bajo el método del profesor Eduardo N. Calcagno. En cada trazo puse el mayor cuidado, buscando no solo fidelidad al signo, sino belleza en la forma.

Algunas de esas láminas transcriben canciones tan hondas como La saetaColor esperanza Sueña. Otras recuperan la poesía de Alfonsina Storni, Baldomero Fernández Moreno y Leopoldo Lugones. También incluí el Padrenuestro ortodoxo y el Preámbulo de la Constitución de la Nación Argentina. No lo hice con afán exhaustivo ni académico, sino movido por el deseo íntimo de mostrar que los signos taquigráficos pueden ser también gestos poéticos.

Una escritura que se escucha con los ojos

Muchas personas me han dicho que no saben taquigrafía, pero que al observar estas láminas sienten una suerte de emoción extraña, como si los signos les hablaran, aunque no comprendan su idioma. Esa reacción confirma lo que intuía desde el inicio: que la caligrafía taquigráfica no necesita ser decodificada para ser sentida. Basta con detenerse, mirar, dejarse envolver por los trazos.

En más de una oportunidad recomendé y lo reitero aquí que se escuchen las canciones mientras se observa su respectiva lámina. Esta práctica potencia la experiencia sensorial, porque al ritmo visual se le suma el ritmo musical. El signo taquigráfico, alineado con la melodía, cobra una vida propia: es trazo que vibra, forma que canta.

Incluso quienes no conocen los principios del Sistema Pitman pueden disfrutar de esta escritura. La caligrafía taquigráfica no exige interpretación literal: invita a una contemplación libre, como quien observa una partitura sin leer música o un cuadro sin conocer la técnica del óleo. Hay belleza en el gesto por sí mismo.

El legado de un trazo

Hice estas láminas porque lo sentí necesario, porque, luego de años de trabajar con la taquigrafía como herramienta, vi en sus signos algo más: una estética velada, una armonía oculta, que pedía ser revelada.

Hoy, quizá sin haberlo previsto, esas láminas se transformaron en una pequeña constelación de trazos que buscan abrir un cauce. Si en algún momento alguien decide tomar esta senda, explorar su propia caligrafía taquigráfica y componer nuevos signos con espíritu visual, mi mayor deseo es que lo haga desde la honestidad del trazo lento y la devoción por la forma.

La caligrafía taquigráfica no requiere permiso ni doctrina, pero sí requiere amor por los signos, atención al detalle y un oído fino para los silencios que toda escritura también dibuja. Simplemente quise mostrar que los signos pueden ser contemplados: que escriben, sí, pero también respiran.




© Martín E. Córdoba, 2025. Todos los derechos reservados. Este artículo ha sido escrito desde la contemplación y el respeto por la forma. Su reproducción, total o parcial, por cualquier medio, requiere autorización expresa del autor. Compartirlo citando la fuente honra el trazo lento y la palabra que respira. La Caligrafía Taquigráfica es un concepto original del autor, desarrollado en 2010. Este artículo está disponible en inglés, francés, portugués, alemán e italiano.



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